sábado, 16 de marzo de 2013

Guerra de las cien horas conocida como la Guerra del Futbol

Han pasado aproximadamente 44 años desde el conflicto bélico librado entre Honduras y El Salvador, conocido coloquialmente como la guerra del fútbol o la guerra de las 100 horas.

guerra_del_futbol01Cuando Pipo Rodríguez corrió tras el balón en dirección al arco hondureño bajo la lluvia azteca de ese 27 de junio de 1969, nunca imaginó que su gol pasaría a la historia. No sólo porque hizo que El Salvador diera un paso más rumbo al mundial México 70, sino porque se recordaría la justa deportiva como pretexto para nombrar la guerra que el Ejército salvadoreño libró con el Ejército hondureño, del 14 al 18 de julio de 1969.

Era un año especial. La humanidad se admiraba ante la posibilidad de que un humano caminara en la Luna; continuaba el gélido clima de la Guerra Fría; Vietnam atraía la atención mundial; el movimiento hippie estaba en su apogeo; en Latinoamérica, el régimen político por excelencia eran las dictaduras militares y brotaban los movimientos guerrilleros por doquier.
En medio del panorama, una noticia etiquetada como “la guerra del fútbol” acaparó el interés mundial.
El Salvador y Honduras, dos pequeñas naciones, comenzaron la última guerra entre países centroamericanos. Fue la décimotercera para El Salvador desde 1929 y la tercera contra Honduras.

El conflicto duró cien horas, por lo cual es conocido como la Guerra de las Cien Horas, y dejó un saldo de seis mil muertos aproximadamente y una tensa situación con Honduras desde entonces.



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Hondureños residentes en El Salvador firmaron un documento para dejar constancia de que no fueron maltratados.
El fútbol no tuvo la culpa

Treinta y cuatro años después, la confrontación sigue siendo conocida a escala mundial con el encubridor nombre de “la guerra del fútbol”.
Se supone que tal nombre provino de alguna agencia de prensa mexicana. Para algunos historiadores es un título simplemente ridículo.
Ryzard Kapucinsky, periodista polaco, tituló así un reportaje sobre el hecho y un libro que reúne despachos de guerras.

Sin embargo, acepta que “era una buena forma de llamar la atención del público. Yo di este título para llamar la atención sobre la palabra fútbol, porque, para mí, no es sólo un juego… tiene otros sentidos y connotaciones de patriotismo y nacionalismo”, dijo el periodista este año al periódico digital salvadoreño “El Faro”.
De hecho, en ambos países se vivió un nacionalismo exacerbado que se delata desde las canciones ofensivas, los arengas como “Hondureño, toma un leño y mata a un salvadoreño” y el tono nacionalista de las notas de prensa de la época en los periódicos nacionales.
Para Rodríguez, el autor de aquel histórico gol, es un calificativo injusto para el deporte rey, “porque no tenía nada que ver” nada más que coincidir con situaciones político-económicas de ambos países.

Como Surgió.

Factores internos de dos de las naciones más similares de Centroamérica incrementaron la posibilidad de un enfrentamiento.
Desde mucho antes de la década de 1960, El Salvador, el país más pequeño del istmo, con una gran densidad demográfica (3 millones 300 mil habitantes en ese tiempo), enfrentaba el histórico problema de la tierra y la industria no podía absorber la población desempleada.

Honduras por su parte –con 112 mil 88 kilómetros cuadrados y apenas 2 millones de habitantes para ese entonces– se antojaba como un paraíso laboral, por lo cual miles de salvadoreños cruzaron la frontera.
La presidencia del coronel Oswaldo López Arellano en Honduras enfrentaba falta de inversión pública, presión por aplicar la reforma agraria.

La captura de 45 soldados salvadoreños con dos camiones cargados de armamento (supuestamente destinado a apoyar un movimiento contrario a Arellano) en 1967 tensó más la relaciones entre los dos países “por un límite fronterizo mal definido, un flujo migratorio constante de salvadoreños hacia Honduras y un sentimiento cada vez más general que El Salvador se aprovecha de Honduras en sus relaciones comerciales”, cita LA PRENSA GRÁFICA en la sexta edición de Enfoques del Siglo el 25 de junio de 1999.

Además de los enfrentamientos militares fronterizos, los partidos de fútbol, los desalojos de salvadoreños en Honduras con la aplicación de la reforma agraria en abril de 1969 (en la cual estaban excluidos los extranjeros) y la falta de éxito en las relaciones diplomáticas, el entonces presidente de El Salvador, Fidel Sánchez Hernández, acusa a Honduras de violar los derechos humanos de los inmigrantes y decide buscar una salida militar rápida invadiendo Honduras a partir del 14 de julio.
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Archivos de Honduras:
La Guerra del 14 de Julio de 1969

Para explicar el fenómeno de la mal llamada "Guerra de Fútbol" o bien llamada "de las 100 horas", es necesario revisar los antecedentes de la crisis que tuvo por expresión ese acontecimiento histórico. Desde la creación del Mercado Común Centroamericano, Honduras siempre manifestó una debilidad económica y su papel básicamente fue un mercado de los productos salvadoreños y guatemaltecos. La infraestructura industrial hondureña no creció y el contexto histórico de crisis se profundizó por las políticas de cada Estado para proteger su economía. Por eso, la llamada Guerra de 1969 es la expresión del conflicto entre ambas economías, sumado a la alta presencia demográfica de salvadoreños y el permanente e indefinido status de los limites territoriales. Honduras decidió aplicar drásticas leyes migratorias y el retorno masivo de salvadoreños estimuló al gobierno salvadoreño a realizar preparativos bélicos abiertamente llamamiento a las reservas, formación de milicias, compra de nuevas armas.

El 25 de junio de 1969 se informó por medio de un boletín de prensa que se había constituido en aquel país el Bloque de Unidad Nacional alrededor del gobierno, con la participación de todos los partidos políticos del país, las organizaciones sociales y el ejército. Estas noticias fueron conocidas en Honduras y nuestro gobierno continuó con su política de armonía diplomática. A raíz de las agresiones físicas de los aficionados salvadoreños a los jugadores de la selección de fútbol de Honduras obligó el día 25 de junio a la Secretaría de Relaciones Exteriores a emitir un comunicado en el que se pronunciaba sobre los hechos de violencia ocurridos el 15 de junio en el Estadio Flor Banca. "No es necesario remontarse -expresaba el documento- muy atrás para descubrir que el estallido de violencia antihondureñista fue algo preparado y cuidadosamente planificado. El partido de fútbol constituyó la chispa que hizo estallar la dinamita. Esta comenzó a colocarse hace ya varios años, cuando el gobierno de Honduras, en uso de su derecho, y, precisamente para evitar futuros males, invitó al Gobierno salvadoreño para que, en forma conjunta, buscaran solución al problema que constituye la desenfrenada inmigración hacia nuestro país, y simultáneamente, empezar a demarcar la frontera entre ambos Estados".

A estas alturas, aún continuaba el retorno masivo de los salvadoreños hacia su país, lo que exasperaba a la política oficial de El Salvador al no poder ubicar de manera satisfactoria a sus compatriotas y aumentan el gasto social previsto en vivienda, educación y salud. Por ello, con el propósito de frenar este flujo amenazante de personas, el gobierno salvadoreño se dirigió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en cable del 25 de junio, quejándose de que los salvadoreños residentes en Honduras habían sido objeto de "eventos violatorios de los derechos humanos, con carácter de genocidio, como asesinatos, persecuciones, agresiones, daños a la propiedad material y expulsiones masivas". La queja demandaba la presencia de una subcomisión en el terreno de los hechos con el propósito de investigarlos y ponerles fin. Al día siguiente, sin la respuesta del caso, El Salvador rompió relaciones diplomáticas con nuestro país, lo que era un claro indicio de la magnitud que el gobierno de aquel país le daba a los sucesos, principalmente al retorno masivo de salvadoreños.

Por su parte, Honduras también se dirigió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En cable del 25 de junio el Canciller de la República, Tiburcio Carías Castillo, denunciaba que el gobierno salvadoreño había incurrido en violación de los referidos derechos al permitir el atropello a los ciudadanos hondureños que habían visitado El Salvador con motivo del encuentro futbolístico del 15 de junio. La comunicación demandaba, asimismo, la presencia de observadores en territorio hondureño para estudiar los hechos denunciados y comprobar que "los ciudadanos salvadoreños residentes en Honduras no son objeto, ni lo han sido nunca, de persecuciones ni atropellos de clase alguna". A estos comunicados respondió el Secretario General de la OEA, Galo Plaza, que pronto enviaría un subcomité al lugar de los sucesos y que los Ministros de Relaciones Exteriores de Costa Rica, Guatemala y Nicaragua se habían ofrecido como mediadores en la disputa.

Tanto El Salvador como Honduras aceptaron, con fecha 28 de junio, la mediación de los Ministros de Relaciones Exteriores de los países antes indicados. De inmediato, tales ministros hicieron sendos viajes a San Salvador y Tegucigalpa con el fin de entrevistar a altos funcionarios de los respectivos gobiernos. Al finalizar las pláticas el día 30, emitieron un comunicado e hicieron ocho recomendaciones sobre la solución pacífica del conflicto: 1) reasumir la autoridad, por parte de los gobiernos, para evitar actos violentos contra los ciudadanos del otro país; 2) renunciar a las actividades bélicas por ambas partes y evitar la concentración de tropas en una franja de cinco kilómetros a uno y otro lado de la frontera; 3) tomar medidas para ponerle fin a la propaganda que incita a la violencia; 4) renovar el cumplimiento por ambas partes de los tratados vigentes sobre el Mercado Común; 5) iniciar investigaciones judiciales sobre los crímenes cometidos en los incidentes que tuvieron lugar en uno y otro país; 6) investigar los daños a la propiedad y establecer las compensaciones del caso; 7)que ambos gobiernos celebren un tratado de inmigración; y 8) establecer un mecanismo que garantice el cumplimiento de las anteriores medidas.

Como los preparativos bélicos de El Salvador eran manifiestos y en aquel país se había promovido la unidad nacional alrededor de las posiciones agresivas de su gobierno, el día 27 de junio se reunieron en Casa Presidencial más de 40 organizaciones políticas y populares de carácter nacional, cuyo primer comunicado se hizo público el 30 de junio. El mismo, decía: "por disposición del Gobierno de la República, el Comité Cívico Pro-Defensa Nacional constituye la esencia de las Fuerzas Vivas o sea el sector privado nacional. Lo integran nueve miembros de los distintos grupos político-económicos y cívicos existentes en el país. Se ha creado a solicitud del Gobierno de la República con el propósito de que el sector privado le brinde, en esta hora de emergencia, su contingente humano, espiritual y económico". El documento daba la siguiente consigna: "moderación y cordialidad hacia el pueblo salvadoreño, con énfasis muy especial en el buen trato que el pueblo de Honduras debe dar a los salvadoreños bien nacidos que conviven y han convivido por años con nosotros".

El 31 de julio, un avión comercial que despegaba del aeropuerto de Nueva Ocotepeque fue ametrallado por tropas salvadoreñas. Al mismo tiempo, unidades del ejército de aquel país atacaron el puesto aduanero de El Poy, frontera con Guatemala, mientras varios aviones de combate sobrevolaron nuestro territorio. Ante tales hechos, el gobierno de Honduras solicitó el 4 de julio una reunión inmediata del Órgano de Consulta de la OEA, formado por los Ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros. En respuesta, el día 4 de julio se reunió el Consejo del referido organismo para considerar las medidas del caso. Después de una amplia discusión, se llegó al acuerdo de aplazar hasta el día 10 toda iniciativa de este nivel con el objeto de esperar los resultados obtenidos por la comisión mediadora de Costa Rica, Guatemala y Nicaragua. La decisión fue tomada con el visto bueno del representante de Honduras, en cuyas manos fue puesto el asunto, lo que constituyó un evidente error, pues el aplazamiento de medidas más enérgicas y de mayor nivel solo sirvió para darle tiempo al gobierno de El Salvador en el desarrollo de sus planes agresivos.

El 4 de julio llegó a San Salvador el subcomité de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El 6 de julio terminó sus investigaciones y envió una nota al gobierno salvadoreño, manifestándole que "requería de tiempo para estudiar los casos y llegar a una decisión". El 8 de julio arribó a Tegucigalpa y, después de conocer "in situ" las denuncias contra el gobierno salvadoreño, manifestó, el día 10, que le era "necesario tiempo para estudiar los cargos". Esta lentitud en el manejo del problema era realmente inconcebible, pues, mientras se analizaban hechos ocurridos un mes atrás, los preparativos de guerra por parte de El Salvador y sus planes agresivos se hacían cada vez más evidentes. Honduras, sin embargo, no los tomaba en cuenta y continuaba confiando en el buen resultado de las negociaciones encaminadas por los organismos internacionales antes indicados.

La mediación tripartita fue también un fracaso. El 8 de julio llegaron de nuevo a San Salvador los ministros mediadores. El día 10 recibieron una respuesta del gobierno salvadoreño acerca del plan de ocho puntos formulado por ellos el 30 de junio. La mayor parte de los planteamientos resultaron desaprobados por dicho gobierno, el que, además, exigió una medida inmediata sobre la cuestión que más le preocupaba: el retorno a Honduras de las familias salvadoreñas que abandonaron nuestro territorio o que fueron objeto de desalojo agrario, así como la indemnización correspondiente "por los daños físicos y el sufrimiento moral a que habían sido sometidas". El día 10 de julio viajaron los mediadores a Tegucigalpa. El 12 recibieron la respuesta hondureña al plan de ocho puntos. Honduras aceptó con pequeñas modificaciones dicho plan y el gobierno franqueó nuestro territorio "para que comisiones observadoras de la OEA comprobaran el cumplimiento del mismo". La diferencia de actitud entre ambos regímenes era más que evidente.


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