jueves, 14 de marzo de 2013

Desastres naturales: Huracan Mitch y Huracan Adrian

Huracán Mitch


El Salvador es un país que ha sido azotado no solo por la Guerra Civil sino también por la naturaleza, siendo parte de varios desastres naturales tales como terremotos y huracanes. Lo siguiente es un breve resumen de información acerca del resultado del Huracán Mitch y huracán Adrian.
Para entender un poco más acerca del Huracán Mitch y Adrian, es importante tener conocimiento y entender que los huracanes consisten en vientos muy rápidos que soplan de forma circular alrededor de un centro de baja presión llamado ojo del huracán. Este centro se desarrolla cuando el aire cálido y saturado de las zonas de calmas ecuatoriales se eleva empujado por aire frío más denso. Desde el borde de la tormenta hasta su centro, la presión atmosférica cae bruscamente mientras que la velocidad del aire aumenta. Los vientos alcanzan una fuerza máxima cerca de los puntos de baja presión (en torno a 724 mm de mercurio o 0,85 atmósferas). El diámetro del área cubierta por vientos destructivos puede superar los 250 km. Los vientos menos fuertes cubren zonas con un diámetro medio de 500 km. La fuerza de un huracán se evalúa con un índice entre 1 y 5. El más suave, con categoría 1, tiene vientos de cuando menos 120 km/h. Los vientos del más fuerte (y menos común), con categoría 5, superan los 250 km/h.
El huracán Mitch en El Salvador donde el total de daños inventariado fue de 10,372 viviendas destruidas. La pérdida del 75% de la producción. 10 puentes destruidos, 326 centros de educación afectados y 15 instalaciones de salud. A eso sumado los daños en la red de acueductos, electricidad y telecomunicación, dicho nivel de daño es extensivo incluso en mayor grado a otros países del área centroamericana como el caso de Guatemala y Honduras.

El huracán Mitch, 1998, puso al descubierto la vulnerabilidad socio ambiental de los centroamericanos. Con cerca de 200 muertos, decenas de desaparecidos y más de 15 mil damnificados por las lluvias, El Salvador enfrenta uno de los peores desastres naturales desde el paso del huracán Mitch por Centroamérica.
Las precipitaciones registradas los días 7 y 8 de noviembre fueron provocadas por la confluencia de una baja presión en el Pacífico con la tormenta tropical Ida y afectaron a cinco departamentos, sobre todo a San Vicente y San Salvador. Según el más reciente informe del Sistema Nacional de Protección Civil, el fenómeno meteorológico ocasionó 196 víctimas mortales, aunque la cifra puede crecer porque aún hay 78 desaparecidos. Las lluvias afectaron a más de mil viviendas, 223 de ellas en su totalidad, y a otras infraestructuras, como a 41 puentes y 109 carreteras, de las cuales 37 ya fueron rehabilitadas.
De acuerdo con el ministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, sólo en caminos los daños se estiman en 850 millones de dólares.”Creo que el país no tiene idea exacta de la magnitud del desastre”, dijo Martínez. El problema es mayor en San Vicente, donde aludes de lodo y piedras del volcán Chinchontepec arrasaron al menos tres comunidades ubicadas en sus faldas y aún continúan allí las labores de rescate.También son enormes los estragos en la agricultura, sobre todo en los cultivos de frijol, maíz y otros granos, y en la ganadería, por la muerte de miles de cabezas de ganado.

Algunos funcionarios estiman en mil millones de dólares las pérdidas por el desastre natural, aunque la cifra exacta se conocerá después de una evaluación técnica de la Comisión Económica de la ONU para América Latina y el Caribe. Las lluvias, aludes e inundaciones hicieron revivir aquí los recuerdos del paso de la tormenta Stan por Centroamérica en 1998, que sólo en este país dejó 240 muertos y pérdidas por más de 200 millones de dólares.

En el caso salvadoreño, las pérdidas humanas ascendieron a 240 muertes y la población afectada fue de 84.000 damnificados. Fue evidente que la pobreza rural, la deforestación, la erosión de los suelos y el deterioro de las cuencas hidrográficas hacen que el actual proceso de desarrollo de El Salvador no sea sostenible. Unos pocos años después, los terremotos de enero y febrero de 2001 sacudieron la vida y el suelo de los salvadoreños, provocando más de 225 mil nuevos pobres, casi 164 mil viviendas destruidas y pérdidas económicas por más de 1.600 millones de dólares.

Huracán Adrian


El 19 de mayo de 2005, el Servicio Nacional de Estudios Territoriales de El Salvador clasificaba la tormenta tropical “Adrián” como huracán categoría 1 y lo ubicaba a pocos kilómetros de la capital salvadoreña. La costa en general y los departamentos de Sonsonate, Ahuachapán y La Libertad eran impactados por la fuerza natural surgida de manera inusitada en el Océano Pacífico. Las imágenes de satélite del huracán cubría todo el territorio nacional. Eran momentos de angustia y especulación. Nunca antes se había dado que un huracán entrara directamente en suelo salvadoreño. Las proyecciones indicaban que lo haría por el centro del país (cerca del aeropuerto internacional) y que los vientos y precipitaciones afectarían también a Honduras, Guatemala y Nicaragua.

El 19 de mayo fue un día inolvidable. Amaneció lloviendo, las clases fueron suspendidas y la mayoría de puestos de trabajo cerraron. Después de las cinco de la tarde, las calles de la ciudad capital lucían desoladas y el comercio estaba cerrado. A las 8 de la noche, “Adrián” tocaba suelo salvadoreño y anunciaron que en dos horas estaría pasando por la capital. Lo que se sentía en San Salvador era una lluvia constante y vientos de poca intensidad. El nerviosismo y la especulación eran las manifestaciones más claras de los riesgos que percibían los salvadoreños. Afortunadamente y de forma inesperada, los noticieros empezaron a transmitir sobre la posibilidad de que el ojo del huracán hubiera desaparecido, y que ello explicaba la no aparición de los vientos anunciados.
A las 11 de la noche del 19 de mayo, la mayoría de capitalinos estaban desvelados pensando en el gran impacto que provocarían los vientos estimados en 140-150 kilómetros por hora y las abundantes precipitaciones. La preocupación era racional desde todo punto de vista. Ya que las edificaciones y viviendas no han sido construidas con normas técnicas para hacerle frente a estos fenómenos naturales. Miles de familias habitan en viviendas con techos de teja, lámina o paja.Por otra parte, el grave deterioro ecológico, la pobreza rural y las comunidades urbanas de alto riesgo hacían pronosticar una situación de calamidad pública. Además, las principales ciudades de El Salvador están llenas de rótulos de lámina y madera, y hay numerosos postes de cemento en todas las colonias y cables por todos lados, por lo que, de llegar esas ráfagas de viento se habría generado un caos.

Existe la hipótesis de que al chocar las corrientes externas del huracán con las sierras de Apaneca y de La Libertad-San Salvador, los vientos rebotaron hacia el huracán y ello contribuyó a que éste acelerara su desarticulación. Lo cierto fue que “Adrián” perdió su centro de fuerza ciclónica y como resultado de ello los daños provocados fueron menores. El Comité de Emergencia Nacional anunció que habían evacuado a aproximadamente 30 mil personas, quienes regresaron progresivamente a sus hogares. La desintegración del huracán “Adrián” antes de entrar a suelo salvadoreño ha sido la mejor noticia del año. Ya que los potenciales estragos de un huracán en El Salvador, son catastróficos.

Sismos, lluvias y sequías son constantes en la vida de El Salvador. Ello sugiere que el país debería prepararse mejor para casos de desastres. La Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres, realizada en enero de 2005, adoptó un marco de acción para ayudar a los gobiernos a reducir los riesgos de los desastres naturales. En este sentido, El Salvador ha ido haciendo esfuerzos en la definición de los riesgos y en la creación de sistemas de alerta temprana, así como en el fomento y el conocimiento de las zonas propensas a desastres. En lo que necesita redoblar esfuerzos es en la reducción de los factores de riesgo, la preparación para casos de desastre y en el fomento de la participación de la comunidad y el fortalecimiento de las capacidades de socorro.

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